Entrenamiento y disciplina del legionario romano

Continuando con la serie sobre el soldado romano hoy nos vamos a centrar en dos fases de su formación, fundamentales si queremos convertirnos en un legionario de los pies a la cabeza. ¿Estáis dispuestos a aguantar?

Vamos a verlo. Comenzamos con el entrenamiento y lo primero que aprende el legionario es la marcha.

La eficacia de las legiones romanas se basa en las grandes distancias que son capaces de recorrer en un solo día. El entrenamiento en este sentido era muy exigente, como no podía ser menos, con marchas diarias que en un principio se marcan el objetivo de cubrir 30 kilómetros en 5 horas.

Alcanzado este objetivo se pasa al siguiente nivel, cubrir en 12 horas 60 kilómetros para después de lograrlo volver a los 30 kilómetros en 5 horas pero esta vez con el equipo completo. Para cumplir esta parte es muy importante tener un buen par de cáligas que os protejan los pies.

Pasamos al uso de las armas y lo vamos a hacer con el gladius.

El legionario romano aprende a utilizar la espada y el escudo pero no con los mismos modelos que utilizara en un combate durante una campaña si no que lo hará con una versión de ellos fabricados en madera, muchos más pesados que los de metal. Con ellos practicara la esgrima contra uno de los enemigos más odiados del soldado romano, el poste de madera.

Este tipo de entrenamiento con la espada y el escudo era muy similar al que recibían los gladiadores, de donde se cree que el cónsul Mario copio la idea al ver la destreza en el manejo de las armas en el circo.

Después de la espada y el escudo pasamos al entrenamiento con otra arma que ha hecho famosos a este ejército, el pilum.

Como podréis imaginar tampoco en esta ocasión se utilizaba el arma reglamentaria si no que se usaba una lanza más pesada, hay que seguir ganando musculo, y con la punta de cuero en lugar de la de metal.

El objetivo de esta punta de cuero era evitar las heridas y dejar fuera de combate a un compañero, que estamos entrenando no tomando Cartago, pero  sin perder el miedo a un golpetazo que nos deje doloridos.

Aunque en el entrenamiento también se utilizaba el poste de madera como contrincante lo más habitual era el enfrentamiento entre dos grupos que aprendían a lanzar y a defenderse de los pilum.

Dejamos de momento aparcado el entrenamiento con armas y nos vamos a centra ahora en ganar agilidad, una de las características más importantes junto a la fuerza y la resistencia que debe poseer un soldado de Roma.

Para ello el legionario pasara de entrenamiento que se halla en casi todos los campamento, el potro de salto. En el os ejercitareis subiendo a el de un salto o pasando por encima, eso sí, con la armadura puesta, ya veréis como de esta manera aprendéis a ajustaros bien el equipo si no queréis salir magullados. La prueba final para graduarse en el potro como un ágil legionario será saltar por encima de él, no solo con la armadura si no que añadiremos al equipo de salto la espada y la lanza. Quién sabe, si se te da bien puede que cambies las cáligas por el caballo.

El ultimo pero no menos importante paso es aprender a moverse en el campo de batalla, así que después de aprender el manejo de la espada, el escudo y la lanza y haber ganado resistencia y agilidad toca aprender las maniobras en el combate.

Durante horas, días, semanas los soldados aprenderéis a moveros como una única unidad, ensayareis las formaciones de defensa y de ataque, vuestra posición dentro de la unidad todo ello al toque de corneta o de silbato hasta que os salga automáticamente.

La disciplina dentro del ejército de Roma es algo que se toma muy en serio, más si cabe cuando la negligencia de un solo hombre le puede costar la vida a miles de ellos.

Las faltas de disciplina conllevan una serie de castigos que se dividen en leves y graves y estos son de mayor a menor.

Dentro de las faltas leves tenemos el Castigatio es el clásico golpe con un bastón propinado por el centurión de turno.

Después vendría la Pecuniaria multo la confiscación de parte de la paga por haber perdido el equipo o para arreglar los destrozos causado por una borrachera o una pelea. Para finalizar esta sección de faltas leves tenemos el Munerun indictio que básicamente consistía en castigar al infractor asignándole tareas extra como la limpieza de letrinas y establos, dependiendo del nivel de mala leche del centurión este podía añadir una dosis de humillación extra, aunque también te puedes librar si le llenas un poco el bolsillo.

Con las faltas graves la cosa cambia y se pone más seria.

Para empezar tenemos la Militae Mutatio que acarrea la perdida de graduación y privilegios pudiendo añadirse a la infracción el trasladado a otra unidad inferior llamándose este castigo Gradus Deiectio.

Continuamos con el Animadversio Fustium donde el infractor recibirá una tanda de latigazos como se le pille durmiendo en su guardia en el campamento.

En cambio si el soldado es sorprendido durmiendo en su guardia estando en campaña se le aplica el Fustuatium. Tras ser juzgado por los oficiales de mayor graduación del campamento la sentencia será llevada a cabo por sus propios compañeros de unidad que ante la gravedad de la infracción lo mataran a golpes, azotado o apedreado. Si el culpable es una persona querida por la unidad quizá tenga suerte y solo lo dejen lisiado para el resto de sus días.

También había castigos colectivos para las unidades que podían ser según la gravedad los siguientes:

Frumentum Mutatum que consistía en una reducción de la ración de comida suprimiendo la carne y sustituyendo el trigo por centeno que era el alimento del ganado. En algunas ocasiones este castigo podía acompañarse de una reducción también de la paga.

Extra Muros donde se obligaba a la unidad sancionada a acampar fuera de los muros del campamento, sin importar si se encontraban en guerra, apartándola del resto de unidades hasta que volviese a ganarse el privilegio de volver a colocar sus tiendas con las del resto de compañeros.

Misso Ignominosa aquí el tema se pone más serio porque muy grave tiene que ser la infracción cometida por vuestra unidad para que el emperador decida disolverla y mandaros para casa sin pensión alguna y seáis la vergüenza de vuestros convecinos y familiares para el resto de vuestros días.

Ya sabéis lo que tenéis que hacer si queréis ser parte del ejército de Roma y poder contarlo a vuestros nietos, entrenar mucho y sobretodo no os durmáis durante las guardias.

Hasta la próxima.

Bibliografía

Matyszak, Philip. Legionario. El manual del soldado romano. Madrid: Ediciones AKAL, 2010.

Por nosoyhistoriador

Soy un simple aficionado que intenta acercar la Historia mientras sigue aprendiendo de ella.

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