Los levantamientos jacobitas (VII)

En el anterior capitulo habíamos dejado a los dos ejércitos resguardados del duro invierno escocés, los jacobitas en Inverness bajo el mando de Carlos Eduardo Estuardo y los británicos del duque de Cumberland en Perth.

El invierno transcurrió con una relativa calma, rota en algunas ocasiones por escaramuzas de los jacobitas.

El 8 de Abril el duque de Cumberland partió desde sus cuarteles de invierno en busca de las huestes jacobitas que no se enteraron de los movimientos hannoverianos hasta cuatro días después, cuando se encontraban en Aberdeen.

El duque de Cumberland

El Estuardo, que tenía un gran número de sus tropas dispersas fuera de Inverness, dio el aviso a los clanes para reunieran a sus hombres para hacer frente a las tropas de Cumberland, que aprovecharon este tiempo para acercarse más a las posiciones jacobitas situándose a poco mas de 25 kilómetros de Inverness.

El día 14 los escoceses acercaron sus posiciones a las de los británicos, en Culloden.

Después de debatir la estrategia a seguir si evacuar la ciudad o defenderla optaron por una tercera opción, un ataque nocturno contra el ejercito de Cumberland.

El plan consistía en aprovechando la oscuridad de la noche, las huestes jacobitas dividas en dos grupos atravesarían un bosque rodeando a los británicos y lanzar una de sus famosas cargas que cogerían por sorpresa a sus enemigos.

Pero el plan fracaso cuando el primero de los grupos, comandado por Lord Murray, que lideraba el ataque perdió contacto con el resto y decidió volver a las posiciones iníciales.

Este ataque abortado jugaría un gran papel durante los acontecimientos de la mañana siguiente.

Amanecía el día 16 de Abril de 1746 sobre los campos de Culloden cuando los británicos comenzaron a avanzar en dirección a las posiciones jacobitas. A unos 700 metros se detuvieron y formaron en tres líneas con la artillería desplegada entre ellas.

Los jacobitas formaron rápidamente en un único frente dividido en dos alas, cubiertas ambas en los lados por cercados de piedra que les protegían, y con un grupo de hombres de reserva para reforzar detrás de las alas.  Esperaron a que se les unieran los refuerzos y los hombres que aun estaban regresando del ataque fallido de la noche anterior.

Pero Lord Murray decidió adelantar el ala derecha jacobita, que comandaba, 200 metros con el objetivo de recortar distancia con los casacas rojas y evitar un pequeño cercado en una más que probable carga sacrificando la cobertura que le ofrecía los muros del cercado de Culwhiniac.

Esto provoco que el frente jacobita dejase de ser una línea homogénea y aparecieran huecos que tuvieron que cubrirse con las tropas de refuerzo de la reserva.

Los británicos, a su vez, se percataron que los jardines de Culwhiniac no estaban protegidos por los jacobitas y decidieron tomarlos para intentar flanquear al enemigo. Pero la maniobra fue descubierta cuando los hannoverianos se encontraban dentro del cercado desplegando los jacobitas tropas de la reserva.

Sobre las 13 horas los jacobitas lanzaron una andanada de artillería contra la segunda línea británica que rápidamente fue respondida por la de Cumberland dando comienzo la batalla.

Después de aguantar durante varios minutos el fuego artillero las dos alas jacobitas iniciaron la carga por la que eran temidos por los británicos.

Las cargas de los highlanders consistían en básicamente descarga sus armas de fuego sobre la líneas enemigas para después lanzarse sobre ellas como demonios pertrechados de sus armas de filo y escudos, algo que muchas veces hacia entrar en pánico a los defensores que se retiraban como alma que lleva el diablo.

Carga de Highlanders

El ala izquierda jacobita quedo frenada por el terreno pantanoso y solo pudieron abrir fuego  sin llegar a cargar.

El ala derecha tuvo mejor suerte y consiguieron cargar después abrir fuego poniendo en graves apuros a la primera línea británica que a punto estuvo de ceder si no llega a ser por los refuerzos llegados desde la segunda línea que consiguieron hacer retroceder a los jacobitas.

A esto había que sumarle que la artillería británica había sustituido la munición habitual por proyectiles de metralla provocando una gran carnicería.

Los jacobitas comenzaron a retirarse bajo la protección de las escasas tropas de la reserva lo que Cumberland trato de aprovechar tratando de envolver a los jacobitas por los flancos. Gracias a los regimientos franceses, irlandeses y de las lowlands los highlanders consiguieron llegar hasta la retaguardia y huir atravesando el rio.

Retaguardia jacobita cubriendo la retirada de los Highlanders

Según los cálculos cerca de 1500 jacobitas perecieron en el paramo de Culloden por 300 casacas rojas, pero la cifra de jacobitas probablemente sea más alta a consecuencia de la persecución sufrida en los días posteriores a la batalla.

A pesar del duro golpe los jacobitas pretendían seguir con la lucha y se reagruparon cerca de Inverness pero Carlos Eduardo Estuardo no era de la misma opinión y decidió disolver el ejército. 

No lo tuvo fácil tampoco el Estuardo para poner distancia entre los hannoverianos y el, teniendo incluso que hacerse pasar por mujer para no caer en sus manos, hasta pasados cuatro meses no consiguió abandonar  Escocia rumbo a Francia.

El ultimo del clan, obra de Thomas Faed.

Cumberland no estaba dispuesto a permitir más levantamientos jacobitas contra la corona y dispuso una serie de medidas para la “pacificación” de las Highlands que iban desde la prohibición del uso de la vestimenta de las Tierras Altas y la lengua, pasando por la entrega de todas las armas y llegando incluso a expropiar las posesiones de los clanes que habían participado en la rebelión. Sin olvidar la persecución, detención y ajusticiamiento; ya fueses ingresando en prisión, deportado a las colonias o ejecutado de los participantes.

También se construyeron una serie de fuertes, reforzados con un alto número de efectivos, para sofocar rápidamente cualquier intento de rebelión.

Carlos Estuardo acabo por perder el apoyo a la causa que tenía en Francia por su alcoholismo, sus salidas de tono y sus aventuras amorosas; lo mismo que le sucedió en su vuelta a Italia por lo que nunca fue reconocido como rey. Falleció en 1788 sin descendencia y enfermo.

Los derechos a la corona recayeron entonces en su hermano Enrique Benedicto Estuardo que era cardenal y acabo por rehusar a las pretensiones reales.

De esta forma se ponía fin al movimiento jacobita.

También terminamos con esta serie de entradas sobre los levantamientos jacobitas, espero que os haya gustado.

Si queréis profundizar en el tema más, os dejo los enlaces de dos podcasts en los que lo podéis hacer y de una forma muy amena:

https://www.ivoox.com/histocast-133-rebeliones-jacobitas-ocaso-de-audios-mp3_rf_16828137_1.html

Historiados 44 / Escocia, highlanders y rebeliones jacobitas

Bibliografía

Sanchez, Pablo García. «https://www.gehm.es/.» 2015. 8 de Marzo de 2021 <https://www.gehm.es/biblio/El_Jacobismo.pdf&gt;.

VVAA. «La Rebelión Jacobita.» Desperta Ferro Historia Moderna Nº 29 (2017).

Por nosoyhistoriador

Soy un simple aficionado que intenta acercar la Historia mientras sigue aprendiendo de ella.

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