La carga de la Brigada Ligera

En plena era victoriana tuvo lugar uno de los conflictos expansionistas con el detonante más absurdo y que para variar se cobraría miles de vidas, ya fuese en combate o por enfermedad, la Guerra de Crimea (1853-1856)

Pero tranquilos que no os voy a relatar todo el conflicto, solo un hecho sucedido durante la Batalla de Balaclava  y que a pesar de partir de un equívoco acabo con relativo éxito, como no a base de vidas humanas, la conocida como La carga de la Brigada Ligera.

Para ponernos en situación conozcamos primero un poco los imperios enfrentados y como se desato la guerra.

Nicolás I zar de Rusia

Comenzamos con el Imperio Ruso, iniciador del conflicto, gobernado por el zar Nicolás I y en plena expansión del imperio con la escusa religiosa reclamó a los otomanos la custodia de los Santos Lugares en Oriente Próximo; Jerusalén, Belén, etc. En territorio otomano vivía cerca de catorce millones de cristianos ortodoxos de ahí la petición rusa.

Los otomanos lógicamente se negaron, aun siendo un imperio en decadencia mantenían un gran poder militar, no estaban dispuestos a ceder a las presiones rusas por mucho que su sed expansionista fuese insaciable.

Louis Napoleón III emperador de Francia

Apareció un tercer protagonista, el II Imperio Francés al mando del emperador Napoleón III que se presentaba como garante de los otomanos y que no iba a permitir que los ortodoxos controlaran tan sagrados sitios.

Mientras el Imperio Británico, el cuarto en discordia, con la reina Victoria al mando permanecía apartado del conflicto pero sin quitarle ojo, ellos eran los que manejaban el cotarro mundial y sin su permiso no se hacía nada.

El Santo Sepulcro en Jerusalén en 1864

Pero a finales de 1852 una disputa entre monjes católicos y ortodoxos volvió a impulsar la petición rusa de hacerse cargo de los Santos Lugares esta vez en forma de ultimátum, los otomanos se volvieron a negar y cedieron la custodia a los franceses.

Por si acaso franceses y británicos mandaron sus barcos a la zona de los Dardanelos

Los rusos enfurecidos ocuparon territorio otomano en la zona de los Balcanes ante lo que los otomanos, creyendo contar con el apoyo de franceses y británicos, declararon la guerra a los rusos el 23 de octubre de 1853.

Franceses y británicos en un principio se tomaron el conflicto de manera relajada, a la expectativa de acontecimientos, hasta que los rusos bombardearon con sus naves una cercana ciudad a Constantinopla.

Después de una serie de enfrentamientos navales con la flota rusa del Mar Negro los aliados decidieron subir la apuesta y enviaron tropas terrestres a la zona a pesar de la retirada rusa de los territorios ocupados en los Balcanes, la maquinaria de guerra no se podía parar.

El 14 de septiembre de 1854 la expedición aliada al mando del mariscal de campo lord Raglan llego a la bahía de Calamita, cercana a Sebastopol, y comenzó a desembarcar a las tropas sin ninguna oposición bélica no así climatológica por que sufrieron el azote de la intensa lluvia.

El plan inicial era tomar Sebastopol por sorpresa pero la falta de organización británica retraso durante días el desembarco perdiendo el factor sorpresa, tocaba batirse el cobre con los rusos.

Los rusos habían situado una serie de reductos artillados alrededor de uno más grande a las afueras de Sebastopol. Tras una sangrienta batalla, donde destacaron los soldados zuavos franceses consiguiendo tomar uno de los reductos después de escalar un barranco con la artillería a cuestas, consiguieron expulsar a los rusos al interior de la ciudad.

Comenzaba el sitio de Sebastopol.

Flota rusa del Mar Negro en el puerto de Sebastopol

Los rusos ante su inferioridad naval respecto a la aliada decidieron hundir varias naves en el puerto de Sebastopol impidiendo el ataque por mar.

A su vez los aliados se hicieron con el cercano puerto de Balaclava convirtiéndolo en su principal punto de suministros. Para protegerlo instalaron una serie de reductos de los que se harían cargo las tropas otomanas.

Sebastopol, a pesar del incesante bombardeo por mar y por tierra, resistía estoicamente elevando la moral de los defensores lo que les incito a llevar la iniciativa.

Bombardeo de Sebastopol.

El alto mando zarista decidió atacar las posiciones aliadas en Balaclava rompiendo el cerco y a su vez cortando  su línea de suministros.

Al amanecer del 25 de octubre y al abrigo de la niebla la artillería rusa comenzó a bombardear los reductos seguido del asalto a los mismos por la infantería. Las tropas otomanas sorprendidas y sobrepasadas no les quedo más remedio que retirarse.

«Delgada línea roja´´ representada en una obra de Robert Gibb

Eufóricos los rusos decidieron cargar con su caballería contra la brigada Highlander, unos 500 efectivos formados en dos líneas, que se encontraban al sur protegiendo el puerto.

Los Highlander, a pesar de su inferioridad, consiguieron rechazar los ataques de los jinetes rusos hasta la llegada de la llegada de la caballería pesada británica que puso en fuga a los rusos. Esta defensa de los Highlander pasó a la posteridad con el nombre de la delgada línea roja.

Ahora es cuando viene el quid de la cuestión.

En ese momento se podía dar por finalizada la batalla, la caballería rusa se batía en retirada perseguida por la caballería pesada británica, pero lord Raglan fue informado de que los rusos se estaban llevando los cañones de los reductos anteriormente conquistados. No se podía permitir esa afrenta.

Mando a uno de sus enlaces, el capitán Nolan, informar a la Brigada de Caballería Ligera bajo el mando de lord Lucan que evitase que los rusos se levaran los cañones. Cuando Nolan transmitió las órdenes una duda asalto a su receptor:

-¿A qué cañones os réferis?- pregunto Lucan.

-Aquellos- contesto Nolan mientras señalaba el fortín principal ruso situado a dos kilómetros y protegido con 30 cañones de gran calibre en vez de sus antiguos reductos.

Lord Cardigan

Aun extrañado y después de pensarlo mucho ordeno al comandante de la brigada de caballería, y casualmente su cuñado, lord Cardigan acometer la misión.

Sobre las once de la mañana los 673 hombres que conformaban la brigada de caballería entre lanceros, dragones y húsares comenzaron la carga formando tres líneas.

Avanzaron al paso, para poco después cambiar al trote, según se acercaban al objetivo la tensión aumentaba hasta que a poco más de un kilometro de donde se encontraban los cañones recibieron la primera descarga de fuego.

Grabado de la época de la carga de la Brigada Ligera

Fue entonces cuando lord Cardigan  lanzo a sus hombres al galope con los lanceros al frente seguidos de los dragones y húsares con los sables en su mano.

Cargaron con tal ímpetu que consiguieron alcanzar las baterías rusas, incluso rebasarlas fruto de la inercia, hasta que se toparon con los refuerzos cosacos.

Cardigan al verse rodeado por las tropas rusas ordenó la retirada deshaciendo a la misma velocidad que había asaltado los cañones rusos.

De los 673 hombres que comenzaron la carga solo 195 sobrevivieron.

Oficiales y soldados británicos supervivientes de la carga.

Los dos bandos se proclamaron vencedores de la batalla, cada uno lo fue de una parte de ella en realidad.

La guerra continúo hasta que en 1855 el zar Nicolás I falleció y le sucedió Alejandro II más proclive a la paz que firmo en 1856.

Si algo bueno se pudo sacar de esta guerra fue el poema épico que escribió Alfred Tennyson elogiando la carga de la brigada ligera:

“Media legua, media legua,

Media legua ante ellos.

Por el valle de la Muerte

Cabalgaron los seiscientos.

“¡Adelante, Brigada Ligera!” “¡Cargad sobre los cañones!”, dijo.

En el valle de la Muerte

Cabalgaron los seiscientos.

“¡Adelante, Brigada Ligera!” ¿Algún hombre desfallecido?

No, aunque los soldados supieran

Que era un desatino.

No estaban allí para replicar.

No estaban allí para razonar,

No estaban sino para vencer o morir.

En el valle de la Muerte

Cabalgaron los seiscientos.

Cañones a su derecha,

Cañones a su izquierda,

Cañones ante sí

Descargaron y tronaron;

Azotados por balas y metralla,

Cabalgaron con audacia,

Hacia las fauces de la Muerte,

Hacia la boca del Infierno

Cabalgaron los seiscientos.

Brillaron sus sables desnudos,

Destellaron al girar en el aire,

Para golpear a los artilleros,

Cargando contra un ejército,

Que asombró al mundo entero:

Zambulléndose en el humo de las baterías

Cruzaron las líneas;

Cosacos y rusos

Retrocedieron ante el tajo de los sables

Hechos añicos, se dispersaron.

Entonces regresaron, pero no.

No los seiscientos.

Cañones a su derecha,

Cañones a su izquierda,

Cañones detrás de sí

Descargaron y tronaron;

Azotados por balas y metralla,

Mientras caballo y héroe caían,

Los que tan bien habían luchado

Entre las fauces de la Muerte

Volvieron de la boca del Infierno,

Todo lo que de ellos quedó,

Lo que quedó de los seiscientos.

¿Cuándo se

marchita su gloria?

¡Oh qué carga tan valiente la suya!

Al mundo entero maravillaron.

¡Honrad la carga que hicieron!

¡Honrad a la Brigada Ligera,

A los nobles seiscientos!” 

Bibliografía

Blasco, Gonzalo Soriano. «https://archivoshistoria.com/.» 3 de Julio de 2018. 16 de Febrero de 2021 <https://archivoshistoria.com/la-guerra-de-crimea/&gt;.

Cebrián, Juan Antonio. Pasajes de la Historia II. Madrid: Ediciones Corona Borealis, 2003.

Por nosoyhistoriador

Soy un simple aficionado que intenta acercar la Historia mientras sigue aprendiendo de ella.

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