El tratado de Rapallo

En ocasiones el mundo de la diplomacia hace extraños compañeros de cama y es capaz de unir a naciones antagónicas por el bien común de ellas como sucedió en 1922 entre la joven República de alemana, conocida como la República de Weimar, y la también recién creada Rusia Soviética.

Pongámonos en antecedentes.

Durante la I Guerra Mundial (1914-1919) ambas naciones se habían enfrentados en el campo de batalla, ambas como imperios.  En 1917 triunfa la  Revolución en Rusia, en parte alentada por el imperio alemán. La primera medida es salir de la contienda por lo que firman la paz de forma unilateral con Alemania, sin contar con el beneplácito de sus aliados, en 1918.

Retrato de Vladimir Lenin

En noviembre de ese mismo año Alemania firma el armisticio y en 1919 se firma el Tratado de Versalles poniendo punto final al conflicto. En este tratado se castiga a Alemania y sus aliados como responsables materiales. A parte de las reparaciones económicas, Alemania se vio también obligada a reducir su ejército, a perder sus colonias de ultramar así como de territorios en el este de Europa.

Firma del Tratado de Versalles en 1919

La situación de la Rusia soviética no era mejor.  Las potencias capitalistas, sobretodo Francia y Reino Unido que no perdonaban la firma a traición de la paz con Alemania, apoyaron al ejercito blanco durante la guerra civil rusa (1918-1923)

Entre las dos naciones parias las relaciones tampoco eran buenas, los alemanes recelaban de los rusos y su objetivo de exportar la revolución comunista sobre todo en Alemania, donde apoyaron la revolución espartaquista de 1919. Por su lado, la Rusia soviética no se fiaba de los dirigentes de la República de Weimar, socialdemócratas, y su apoyo en fuerzas paramilitares de ultraderecha, causantes de los asesinatos de los dirigentes comunistas alemanes Rosa Luxemburgo y Liebknecht.

Rusia era comunista y Alemania a pesar de tener un gobierno de izquierdas era anticomunista.

Pero para más inri, en Alemania, también había una gran división dentro de su clase política. Por un lado estaban  los pro occidentales, en su mayoría socialdemócratas, que abogaban por un acercamiento con Francia y Reino Unido a pesar de las duras sanciones impuestas en Versalles por ellos.  Por el otro estaban los pro orientales, en el que se encuadraban elementos de la derecha, nacionalista y del Reichwehr, favorables al acercamiento con la Rusia soviética a pesar de sus diferencias y que no perdonaban el ensañamiento de Versalles.

Walter Rathenau ministro de exteriores de la Republica de Weimar.

En 1922 los socialdemócratas viven sus mejores momentos llegando a alcanzar puesto claves en el Reich alemán. Aquí vamos a destacar la figura de Walter Rathenau.

Rathenau, era hijo del fundador  de la eléctrica AEG de la que se hizo cargo en 1915 logrando un gran éxito en el mundo empresarial. En 1918 se afilia al Partido Democrático Alemán con el que llega a alcanzar el puesto de ministro de asuntos exteriores. En este puesto consigue reducir la cuantía económica de las reparaciones de guerra.

De tendencia pro occidental intento congratular su país con EEUU, Reino Unido y la rencorosa Francia. Para ello concibió la idea de crear un consorcio de potencias capitalistas para la reconstrucción de Rusia, aprovechando que salía de una larga y dura guerra civil y que su economía estaba maltrecha. La idea era que la Rusia comunista tuviese que depender de las naciones capitalistas.

David Lloyd George primer ministro británico

Acudió al primer ministro británico, Lloyd George, al que la idea le entusiasmo. Le entusiasmo tanto la idea que se la apropio y convoco una conferencia de países europeos, sin excepción, en Génova.

A Rusia no le daba buenas sensaciones que todos quisieran sacar beneficio de su mala situación económica, que es verdad que era nefasta, pero también era cierto que en parte era culpa de las naciones capitalista que con su apoyo a los rusos blancos habían conseguido alargar el conflicto civil.

Georgi Chicherin ministro de Exteriores soviético.

Camino a la conferencia de Génova los rusos, con su ministro de exteriores Chicherin a la cabeza, hicieron una parada en Berlín aprovechando sus buenas relaciones con los mandos de ejército alemán. Con ellos llevaban un borrador de un futuro tratado de paz ruso-alemán. Pero los dirigentes alemanes no le prestaron atención, tenían el ego crecido por su reciente relación con los británicos y decidieron esperar que les deparara Génova.

El 10 de abril de 1922 se inauguró la conferencia de Génova.  Ministros de exteriores de todas las naciones europeas y numerosos jefes de estado hicieron acto de presencia en la ciudad italiana. Las expectativas eran altas, la paz en el continente estaba en juego, esa era la escusa oficial.

Participantes en la Conferencia de Génova 1922.

El premier británico dirigía la conferencia, empresa harto difícil a tenor de los recelos entre las potencias pero tenía pensado un plan.

El objetivo era la reconstrucción de Rusia tras la cruenta guerra civil y para ello debían atraerla al redil de las potencias capitalistas, el cebo fue las reparaciones de guerra. Como miembro del bando ganador tenía derecho a indemnizaciones por parte de los perdedores, aunque  hubiesen firmado la paz por su cuenta. Solo tenían que hacer algo a cambio: debían de compensar a Francia por los embargos de sus empresas durante la Revolución de octubre de 1917.

De esta forma pretendía calmar los ánimos franceses que andaban muy alterados por las continuas rebajas en sus compensaciones de guerra por parte alemana y que no estaban muy satisfechos con lo obtenido en Versalles. En definitiva, querían el fracaso de la conferencia para que Alemania no pudiese hacer frente a sus pagos así ellos tendrían la escusa perfecta y legal para hacerse con territorio alemán.

El primer ministro británico centró sus esfuerzos en convencer a los rusos, dejando para el final a los alemanes y a los franceses. Si tenía éxito,  los alemanes saldrían ganando con diferencia y los franceses no les quedarían otra opción que plegarse a la decisión de la mayoría.

Los alemanes ante el abandono por parte británica empezaron a ponerse nerviosos, la idea del consorcio empresarial había sido suya pero no les importaba que Lloyd George se la apropiara si con ellos Alemania se beneficiaba, pero no les gustaba que les apartaran de las negociaciones. El tema empeoro cuando comenzaron a llegar rumores de que tendrían que compensar a los soviéticos por la guerra. Habían ido a Génova para obtener mejoras para su país pero iban a volver peor de lo que lo habían hecho de Versalles.

La situación empeoraba con la llegada de nuevos rumores en los que se afirmaba que los rusos habían llegado a un acuerdo. Rathenau se subía por las paredes, si esto era cierto este acuerdo sepultaba a la nación alemana.

 Intento ponerse por todos los medios en contacto con el primer ministro inglés pero fue en vano; o no estaban o no los podían atender. Así continuaron todo el día sin obtener ningún resultado. Frustrados e impotentes se retiraron a sus habitación entrada ya la noche.

Unas horas más tarde el teléfono sonó, el ministro de asuntos exteriores ruso les emplazaba a reunirse con ellos en las instalaciones del balneario de Rapallo, situado en las cercanías de Génova, donde estaban hospedados.

El canciller alemán Joseph Wirth.

Esta llamada desconcertó a los alemanes ¿Qué querían los rusos de ellos? Según sus informaciones habían llegado a un buen acuerdo con el resto de potencias. Rathenau quiso informar inmediatamente a la delegación británica pero el canciller del Reich, Wirth se lo impidió, no estaba dispuesto a arriesgar un posible acuerdo con los soviéticos y más viendo el trato recibido por parte anglosajona.

Los rusos se habían percatado de las intenciones británicas y le dieron la vuelta a la situación. Aprovecharon los recelos entre las naciones vencedoras de la I Guerra Mundial y Alemania para pactar con esta última y así, no verse rodeada de potencias capitalistas que sin duda alguna, acabarían siendo hostiles con la nación comunista.

Las negociaciones fueron fluidas y dentro de un ambiente de entendimiento. Para la tarde de ese mismo día las dos potencias habían alcanzado varios acuerdos, nacía así el Tratado de Rapallo.

En dicho tratado se reconocían las fronteras de ambos países, se descartaba las reparaciones de guerra entre ambas naciones, se restablecían las relaciones diplomáticas y se comprometían a colaborar económicamente. Alemania obtenía el monopolio de la venta de tecnología los rusos a cambio de las materias primas para su fabricación.

El premier británico entró en cólera al enterase del tratado y los franceses se marcharon de la conferencia visiblemente enfadados. Habían sido burlados por los que en un principio iban a ser las víctimas. Era inconcebible que dos naciones antagónicamente ideológicas firmaran un tratado de paz entre ellas.

Aunque se cree que dentro del tratado existían clausulas secretas militares este dato nunca se ha probado. Lo que sí se sabe es que con anterioridad existieron acuerdos secretos entre el ejército alemán y el gobierno soviético.

Lo que sí hizo la firma del tratado fue impulsar esta cooperación.  En estos acuerdos se estableció la construcción de campos de entrenamiento militar y fabricas de armamento en territorio soviético a cambio de que miembros del Ejército Rojo entrenasen y trabajasen con ellos .De esta forma se estableció una base aérea, otra de artillería y territorios deshabitados donde se probaban agentes químicos.

Años más tardes los dos ejércitos pondrían en práctica lo aprendido durante la II Guerra Mundial.

Soldados del Ejercito Rojo en 1930.

El Tratado de Rapallo estuvo en vigor oficialmente hasta la invasión alemana de la Unión Soviética en 1941 pero la colaboración militar ceso con el ascenso de los nazis al poder en 1933.

La firma del tratado también se cobro sus víctimas y no solo políticas. Tras el acuerdo Rathenau fue acusado por la extrema derecha de vender el país a los intereses comunistas, dos meses después fue víctima de un atentado donde perdió la vida.

De esta forma termina esta historia en la que dos potencias en las antípodas ideológicas llegaron a un entendimiento por el bien de sus países espoleados por la necesidad.

Aquí os dejo esta entrada relatada por mi en el podcast https://historiadospodcast.wordpress.com/

Bibliografía

Carr, E,H. La Revolucion Rusa, de Lenin a Stalin, 1917-1929. Alianza Editorial, 1981.

Sebastian, Hafner. El pacto con el diablo. Ediciones Destino, 1988.

Por nosoyhistoriador

Soy un simple aficionado que intenta acercar la Historia mientras sigue aprendiendo de ella.

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