La caída de Numancia

La República de Roma tras derrotar y expulsar de Hispania a los cartagineses decidió hacer suyas  las ricas tierras peninsulares.

 Las legiones romanas, con escasa resistencia, se hicieron en poco tiempo con el sur y el levante de la península, era el turno de avanzar hacia el interior.

Roma conquistó y fundó ciudades, repartió tierras entre sus aliados autóctonos a cambio de tributos, de servicios en el ejército y de no construir nuevas ciudades y fortificaciones. Esto último fue motivo de una rebelión.

Los belos, un pueblo celtibero asentado en las actuales provincias de Zaragoza y Soria, se negó a paralizar la construcción de la muralla que se estaba alzando para la protección de su capital. Ante esta negativa, los romanos atacaron a los insurgentes en el 153 a.C. y los bellos buscaron refugio en la vecina ciudad de Numancia, capital de los arévacos. Juntos consiguieron derrotar a un ejército de 30000 hombres infligiéndoles un gran número de bajas

Torre de vigilancia numantina

Pero Roma ni olvida ni perdona estas afrentas y tras veinte de intentos fallidos por hacer claudicar a los numantinos, en el 134 a.C., el senado romano encomendó a Escipión Emiliano, el destructor de Cartago, la toma de la capital arévaca.

Pero había un pequeño problema legal, Emiliano ya había sido cónsul durante los diez últimos años y según la ley no podía repetir en el cargo. Este problema se subsano otorgándole el cargo pero no tropas, solo se le permitió reclutar una legión privada. Tras conseguir reclutar un ejército de 4000 hombres y conseguir financiación económica marcho a Hispania.

Al llegar a Hispania se encontró con un ejército desmotivado y dejado de la mano y unos cuarteles que más se parecían a un mercado de un poblado que a un recinto militar. Emiliano se puso manos a la obra y expulso a todo el personal no militar de los cuarteles y se empeño en poner a punto sus tropas. Hicieron largas marchas con todo el equipo, entrenaron tácticas y formaciones de combate y cambiaron su alimentación a una acorde a un soldado

Ejemplo de campamento romano

Una vez adecentado su ejército inicio la marcha hacia el norte para arrasar la zona y de paso cortar la ruta de suministro hacia Numancia.

Llegaron a la capital de los arévacos en el otoño del 134 a.C. e inmediatamente el cónsul puso en marcha su plan. Levantaron fuertes empalizadas, escavaron un profundo foso en el perímetro, edificaron torres de vigilancia y construyeron cuarteles. Emiliano se percato de que los aliados de los arévacos podrían hacer llegar suministros a través del rio Duero, mando levantar dos fuertes, uno en cada orilla, y atravesar el rio con una cadena con púas para evitar que ninguna embarcación o persona consiguiera pasar.

 Se ideo un sistema de alarma muy eficaz para el envió de tropas en una zona concreta que estuviese siendo atacada. Un trapo de color rojo hondearía por el día y por la noche se encendería una hoguera en la torre que necesitara el apoyo militar.

La trampa estaba preparada., el objetivo era rendir la ciudad por hambre. Por aquella época la ciudad de Numancia albergaba entre 8000 y 10000 habitantes preparados para el asalto de los romanos desconocedores de la estrategia elegida por Emiliano.

Guerrero íbero.

Los ataques de los arévacos chocaban contra las fuertes defensas romanas y la falta de víveres y las enfermedades comenzaban a hacer mella en la ciudad.

Era el momento de cambiar de táctica, era el momento de intentar negociar con los romanos.

Un grupo de nobles se presento en el campamento romano con la oferta de rendir la ciudad a cambio de la vida de sus habitantes y que no hubiera represalias contra ningún numantino. La respuesta de Emiliano fue negativa, solo aceptaría una rendición sin condiciones.

Los emisarios llevaron la respuesta del cónsul romano ante su pueblo, la respuesta fue contundente, pasaron a cuchillo al grupo de nobles como muestra de que no claudicarían.

Intentaron recabar apoyos de sus vecinos pero era casi imposible escapar del cerco excepto en una ocasión en la que un grupo de hombres logro alcanzar una ciudad. Estos numantinos llegaron a la ciudad arévaca de Lantía donde suplicaron la ayuda de sus vecinos pero nada escapaba a la vista de los romanos y fueron apresados. Pero Emiliano desconfiaba de los moradores de la ciudad y a cambio de no arrasarla exigió a 400 de sus guerreros y les corto las manos para que no pudieran empuñar armas y de paso mandaba una advertencia al resto de pueblos celtiberos de lo que pasaría si ayudaban a los numantinos.

La suerte estaba echada para los sitiados, a los romanos solo les quedaba esperar.

Cuando los soldados entraron en la ciudad se encontraron una ciudad desolada, cadáveres pudriéndose en las calles, guerreros que se habían quitado la vida para no caer en manos de los romanos, incluso se habían dado escenas de canibalismo.

Cuadro que representa la entrada de los romanos en Numancia.

Pero Emiliano tenía una misión que cumplir.

Reunió a los supervivientes, escogió a cincuenta y los envió a Roma como muestra de su triunfo el resto los vendió como esclavos. Mando arrasar la ciudad y sembrar los campos con sal como ya hiciera en Cartago.

Este fue el final de la larga resistencia de la capital de los arévacos, la heroica Numancia.

Bibliografía

Cebrián, Juan Antonio. La aventura de los romanos en Hispania. Madrid: La esfera de los libros, 2005.

Losada, Juan Carlos. Batallas decisivas de la historia de España. Madrid: RBA Coleccionables S.A. , 2006.

Por nosoyhistoriador

Soy un simple aficionado que intenta acercar la Historia mientras sigue aprendiendo de ella.

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