Piratería en el Caribe III

Salimos de caza

Aunque el cine y la literatura nos muestran una vida de aventuras, riquezas y lujos nada más lejos de la realidad. Era una vida muy dura la cual podías perder por varios como la enfermedad por culpa de la disentería, el escorbuto, etc., por combate contra otro barco, ahogado en una tormenta o ahorcado después de haber sido apresado por la armada de una nación agraviada.

Una de las primeras cosas que hacían los recién embarcados era buscar un compañero de cofre o matelotage. El matelotag, marinería en francés,era un acuerdo al que llegaban dos tripulantes para compartir un cofre común en el que almacenaban sus pertenencias personales así como sus mercancías, de esta forma uno cuidaba de los bienes del otro y viceversa. Pero no quedaba ahí solo el acuerdo ya que si uno de los dos moría su parte correspondiente del botín pasaría al otro.

 Había otro tipo de contrato, los chasse parties o códigos de los piratas, que incluían a toda la tripulación y en casi todo quedaba regulado, desde la parte correspondiente al dueño del barco ya fuese de un armador, un capitán o de la tripulación hasta vetar la participación de personas ajenas como un gobernador u otro capitán.

Después de aprobar estos contratos llegaba el turno de aprovisionar la nave. En el caso de los piratas al no ser campañas largas que les alejasen mucho de la zona caribeña los  pertrechos no eran excesivos, primando la velocidad en el mar.

Antes de hacernos a la mar hay que contratar los servicios de un cirujano. Esto no saldrá barato pero lo agradeceremos cuando nos salve de la muerte por culpa de una infección provocada por las astillas incrustadas en alguna parte de nuestro cuerpo.

Al contrario de lo que el cine actual nos ha mostrado, los piratas no utilizaban grandes embarcaciones armadas con decenas de cañones si no que se desplazaban en embarcaciones pequeñas, rápidas y de poco calado como las balandras, pataches o piraguas y con escasa artillería. Normalmente llevaban  un cañón de poco calibre en la proa con el que hostigar a sus víctimas y otro en la popa para disuadir a un posible perseguidor. También llevaban en los costados de un calibre algo mayor pero eran utilizados más para infundir el miedo en sus presas ayudándoles a elegir entre rendirse o resistirse a un abordaje. Como es lógico los piratas preferían lo primero, el botín no sufría daños y el coste en vidas era inexistente.

Balandra de diez cañones

Si el abordaje era irremediable la escena solía ser la siguiente: primero entraban en acción las armas de fuego  como cañones de mano y trabucos cargados con postas para barrer la cubierta contraria. A continuación se lanzaban escalas y cuerdas que facilitasen el paso a la cubierta contraria. Espada, hacha o machete en mano se peleaba hasta conseguir eliminar la resistencia, algo que no solía durar mucho en el caso de un mercante porque nadie quería morir por la mercancía de otro. Pero había que asegurarse y registrar la embarcación a fondo para evitar cualquier susto en forma de foco de resistencia y claro está, encontrar el botín.

Llega el momento de repartir el botín.

Tenemos que tener en cuenta la propiedad de la embarcación asaltante ya que cambia un poco el reparto dependiendo de quién sea el propietario.  Si la nave es propiedad del capitán le pertenecerá la embarcación capturada teniendo que deshacerse de la peor que tenga o quemar la nave capturada así como dos partes del botín, pero si el barco se perdía la tripulación estaba obligada a continuar hasta que encontraran otro que entregar a su capitán. En el caso de pertenecer a la tripulación se le entregara el barco si es bueno y una parte del botín. El corsario además debía de apartar una parte para el monarca o gobernador que hubiese contratado sus servicios.

Del botín también había que descontar la parte de las indemnizaciones por heridas en el combate. Estaba estipulada la compensación que debía recibir cada uno dependiendo del tipo de lesión que podía ser en dinero o en esclavos. Os pongo uno ejemplos:

  • Por perder un ojo se recibiría 100 escudos o un esclavo.
  • Por la pérdida de los dos ojos se percibirían 600 escudos o seis esclavos.
  • Por la pérdida de la mano derecha si se era diestro o el izquierdo si se era zurdo se recibiría 200 escudos o dos esclavos.
  • Si se perdían los dos brazos se otorgarían 600 escudos o seis esclavos.
  • Perder un dedo o una oreja estaba subvencionado con 100 escudos o un esclavo.
  • Por la pérdida de una pierna se reciben 200 escudos o dos esclavos.
  • Por la pérdida de las dos piernas se recibían 600 escudos o seis esclavos.
  • Si alguno quedaba lisiado y tenía que ayudarse de un bastón recibiría 200 escudos o dos esclavos.

Bibliografía

Josa, Belén Navajas. «Piratas, Corsarios, Bucaneros, Filibusteros y contrabandistas en la América española (Siglos XVI, XVII y XVIII).» Octubre de 2003. Enero de 2020 <http://recursos.ufv.es/docs/foro_revista_6.pdf&gt;.

Venegoni, Giovanni. «La vida a bordo.» Desperta Ferro Historia Moderna (2015): 14-18.

Woodard, Colin. La república de los piratas: La verdadera historia de los piratas del Caribe. Barcelona: CRITICA , 2008.

Por nosoyhistoriador

Soy un simple aficionado que intenta acercar la Historia mientras sigue aprendiendo de ella.

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